LA TRASFERENCIA A LA LUZ DE LA CONDUCTA



Es sabido que ingresar en este concepto pilar de la labor terapéutica no es tarea nada sencilla, ya que sería merecedora de un gran desarrollo teórico desde las diversas corrientes científicas. Intentaremos aquí, muy acotadamente, dar cierto cuerpo a todo aquello que hemos estado enunciando en la primera parte de este trabajo. Queda claro, asimismo, que en líneas generales, uno suele hablar de transferencia dentro de la labor terapéutica, pero, ¿acaso no se genera también, en cierta forma, durante el curso de un psicodiagnóstico? Haciendo un recorte de autores y textos, mencionaremos principalmente las explicaciones y enunciados que nos señalan autores como Laplanche y Pontalís, José Bleger y Sigmund Freud.

Encontramos en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalís: "[La transferencia] designa, en psicoanálisis, el proceso en virtud del cual los deseos inconcientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial,  dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad...".


Completando la lectura, agregamos desde Bleger las siguientes definiciones:

"...Son fenómenos que aparecen en toda relación interpersonal... Es la actualización de sentimientos, actitudes y conductas inconcientes por parte del entrevistado, que corresponden a pautas que éste ha establecido en el curso del desarrollo y, en particular, en la relación interpersonal con su medio familiar... Son actitudes afectivas que el entrevistado vivencia o actúa en relación al entrevistador... Ellos agregan una importante dimensión al conocimiento de la estructura de la personalidad y al carácter de sus conflictos... Asigna roles al entrevistador y se comporta en función de los mismos... En la transferencia se podría encontrar lo que se espera del entrevistador...”.


Intentando alcanzar una suerte de síntesis, podríamos decir que por diferentes motivos, determinadas historias y conductas pertenecientes al pasado se llegan a reactualizar, poniéndose en juego con ese otro presente, llevándolo, inclusive a actuar de una determinada manera. En definitiva, podríamos decir, la transferencia conlleva a la acción.


Sin embargo, este proceder puede tener tanto fines positivos como negativos, ya que, si bien permite ver al sujeto mismo, también lo puede llevar a “ocultarse” evadiendo así, la tarea terapéutica.


Al decir de Freud: "¿...Por qué la transferencia se nos opone como resistencia en el tratamiento psicoanalítico? Allí donde la investigación analítica tropieza con la libido, encastillada en sus escondites, tiene que surgir un combate. Todas las fuerzas que han motivado la regresión de la libido se alzarán, en calidad de resistencias, contra la labor analítica, para conservar la nueva situación... De este modo, la transferencia que surge en la cura analítica se nos muestra siempre, al principio, como el arma más poderosa de la resistencia y podemos deducir la conclusión de que la intensidad y la duración de la transferencia son efecto y manifestación de la resistencia...Tenemos que decidirnos a distinguir una transferencia "positiva" y una "negativa", una transferencia de sentimientos cariñosos y otra de sentimientos hostiles...”.


Podemos agregar unos párrafos más que amplían los términos expresados: “…Hemos visto ya que el analizado repite en lugar de recordar, y que lo hace bajo las condiciones de la resistencia… Repite todo lo que se ha incorporado a su ser partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus tendencias inutilizables y sus rasgos de carácter patológico…De las reacciones de la repetición que surgen en la transferencia parten luego los caminos ya conocidos para la evocación de los recuerdos, los cuales surgen sin esfuerzo aparente una vez vencidas las resistencias”



“…A todas luces, el peligro de los estados transferenciales reside en que el paciente confunda su índole, tomando por vivencias reales y actuales lo que no es sino un reflejo del pasado…”

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Algunas de las múltiples posibilidades que suelen presentarse a modo de expresiones de los entrevistados son, por ejemplo:


“…Ah! Yo pensé que era más mayor usted...”, “¿Qué quiere que le diga, doctor? usted me recuerda mucho a mi hijo...”; “Dele, doctor, sea bueno; no me dé tanto para dibujar...”; “¡Uy! ¡Lo que debe de estar pensando de mí! ¿Vio qué mal que me sale? Nunca pude, doctor, siempre me costó mucho hacer estas cosas...”.


¿Qué ocurre en estos ejemplos? El sujeto, de acuerdo a su propia historia de vida, va desplegando modalidades de conducta y de expresión, según las circunstancias y ante quien se encuentre siendo entrevistado. Esas actitudes y expresiones tienden a poner al entrevistado en un lugar particularmente significativo para el sujeto. El entrevistador deberá, entonces, observar dichas actitudes aunque sin llegar a ubicarse en ese rol adscrito.


Cabe aclarar que en determinados ámbitos institucionales, los sujetos entrevistados pueden llegar a denominar al psicólogo con el término “doctor”, más allá del título que verdaderamente posea.


Las modalidades que adopta cada sujeto ante la presencia del otro son múltiples, y éstas siempre estarán respondiendo a su propia historia y hacia lo que el entrevistador despierta y provoca al sujeto entrevistado.


Dentro del acotado tiempo que dispone la aplicación del proceso psicodiagnóstico, debemos mantener un nivel transferencial óptimo como para facilitar que el sujeto pueda desplegar sus principales rasgos de la estructura de la personalidad.


El enojo, la desconfianza, el miedo a llegar a ser “descubierto” por ese otro extraño que “se entromete” en su vida, inclusive el miedo a descubrir su “locura”, entre otras tantas actitudes, obstaculizan y restringen la libre expresión de sus pensamientos, fantasías, sentimientos y emociones.


Como numerosas personas suelen expresar en el curso del psicodiagnóstico, con cierto tinte de humor y hasta con un tono infantil: “¡Ay! ¿Estoy muy loco, doctor?, ¡Estoy para el Borda!, ¿No?, Dígame la verdad: estoy re-loco, ¿No?” ¡Lo que debe estar pensando de mí ahora! Nosotros debemos posibilitarle disminuir esos pensamientos y fantasías de tinte persecutorio, para lograr mantener una transferencia positiva que facilite el despliegue de sus pensamientos y sentimientos.



 Freud, S. (1938)Compendio de Psicoanálisis, O.C., Pág.2391


Veccia, T.A. (2003) Diagnóstico de la Personalidad, Cap. I, Pág.26 6 Phillipson, H. (1973) (op.cit.).


 Laplanche y Pontalís, Diccionario de Psicoanálisis, Pág.439

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 Bleger, J., (1973) (op.cit.).


 Freud, S.(1912)Dinámica de la Transferencia, O.C., pág. 1648


0 Freud, S. (1914)Recuerdo, repetición y elaboración, O.C., Pág.1683


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